Nota aclaratoria a la entrada: Texto desarrollado para la asignatura Taller de pensamiento formal del profesor Andrés Buriticá.
Al ser Bogotá la capital y el centro
administrativo nacional, ha sido ella el escenario en donde se han gestado y
evidenciado, casi en su totalidad, los intentos de las administraciones para
avanzar en el camino trazado por la economía de desarrollo [1]
que involucra las nociones de desarrollo y subdesarrollo. A lo
largo de los últimos años los gobiernos que han administrado a Colombia han
manifestado un gran esfuerzo por generar desarrollo para la mayoría de
la población y así, dejar atrás la noción de subdesarrollo bajo la cual se
ha identificado al país desde la creación de dicho concepto.
Después de la Primera Guerra Mundial la economía
del desarrollo se consolidó bajo el propósito de analizar el incremento en
la capacidad productiva de los países, medido, éste, por la relación entre el
Producto Interno Bruto (PIB) y el número de habitantes de cada país. El
análisis cuantitativo dio origen a las nociones de desarrollo y subdesarrollo
que se popularizaron por varias décadas y que generaron, en forma similar a un
manual, una ruta que les indicaba a los países subdesarrollados cómo superar
esa condición (Unceta, 2014).
Bien pareciera por todo lo anterior que
superar el subdesarrollo y tener la capacidad de generar desarrollo
era el camino que debían seguir todos los países y las ciudades para generar el
bienestar de su población. Sin embargo, como la ruta trazada por los
desarrollados tenía como base el crecimiento económico, llegó un punto en el
cual aumentar el crecimiento económico de una nación no aumentaba el bienestar
de la población y por tanto, tampoco el desarrollo de la misma. En ese punto de
la historia es que los análisis cuantitativos generan dudas sobre los niveles
de bienestar de un país, y la dicotomía entre desarrollo y subdesarrollo
se rompe y da origen a nuevos conceptos como maldesarrollo y postdesarrollo
(Unceta, 2014).
El maldesarrollo es entendido,
principalmente, como la incapacidad del crecimiento económico para superar el subdesarrollo
y abrir paso al desarrollo; es una noción que no sólo afecta a los
países desarrollados puesto que afectó la relación existente entre los países
desarrollados y subdesarrollados. Por otro lado, el postdesarrollo nace
como concepto al cuestionar la relación de causa y consecuencia entre
crecimiento económico y bienestar, pues plantea que las capacidades productivas
son la verdadera causa del bienestar de un país. En ese orden de ideas la
noción de postdesarrollo cuestiona la idea en la que el desarrollo
debe ser el punto último en la ruta que debe recorrer un país (Unceta, 2014).
Bogotá
ha sido considerada internacionalmente como una ciudad subdesarrollada que debe
superar principalmente problemas como el desempleo, la inseguridad, la baja
calidad y cobertura en educación y la segregación social para salir de la
categoría del subdesarrollo y estar inscrita en la lista de ciudades
desarrolladas. No obstante, lenta pero progresivamente la capital del país ha
avanzado en la creación de soluciones para esas problemáticas; se ha podido
evidenciar una disminución en las tasas de desempleo y homicidios, se pueden destacar
proyectos educativos y proyectos de infraestructura para vivienda y también
para educación.
Lo anterior puede ser contradictorio si se
tiene en cuenta que Bogotá lleva seis (6) administraciones intentando superar
el subdesarrollo y sólo ha logrado avances en cada tema, sin poder
alcanzar lo que describe la noción de desarrollo. Dentro de esta
contradicción se puede evidenciar que la lentitud del progresivo proceso no
obedece a la falta de voluntad de las administraciones por superar el subdesarrollo
de la ciudad, sino que responde a una incapacidad de la misma administración a
la hora de trazar la ruta para generar desarrollo real en sus
ciudadanos.
Esta afirmación se puede examinar desde
los escenarios en donde es clara la incapacidad de la administración distrital
para generar desarrollo sin caer en el maldesarrollo. Las
políticas de empleo, seguridad, ecuación y vivienda de la administración actual
permiten evidenciar la falta de capacidad para generar un desarrollo
real para la ciudadanía.
Es cierto que la tasa de desempleo de la
alcaldía de Gustavo Petro es la más baja al compararla con la de las demás
capitales y áreas metropolitanas del país, pues Bogotá posee una tasa de
desempleo de 7,8% frente a un 9,3% promedio de las demás ciudades (González,
2014). Sin embargo, a pesar de tener una de las tasas de desempleo más bajas
del país, no se garantiza el desarrollo de la ciudadanía si se compara
con los países o ciudades que se consideran desarrolladas. Además para hablar
de desarrollo real y no de maldesarrollo es necesario conocer que
entienden las administraciones distrital y nacional por empleo, es esencial
conocer cuáles son los mecanismos para medir el desempleo y que labores son
consideradas como empleo.
En cuanto a la seguridad el alcalde actual
argumenta que la tasa de homicidios se redujo de treinta y uno (31) a nueve (9)
por cada cien mil 100.000 habitantes, lo cual ubica a Bogotá debajo del
promedio latinoamericano en este indicador (Semana, 2014). No obstante, reducir
la tasa de muertes violentas y ubicarse debajo de un promedio casi continental
no hace de Bogotá una ciudad desarrollada. ¿Acaso no se busca que la noción de desarrollo
vaya más allá de lo cuantitativo? No se sabe con exactitud cuáles fueron las
decisiones administrativas que llevaron a la reducción de la tasa de
homicidios, no se conoce si fue el resultado de la ejecución de políticas
públicas que busquen combatir la inequidad respetando los derechos humanos o
simplemente decisiones de la alcaldía basadas en aumentar las medidas
correctivas realizadas por las autoridades policiales.
En materia de educación la administración
actual, antes de su posesión, prometió la construcción de 335 jardines y 30
colegios nuevos, además de la implementación de la jornada única en los colegios
ya construidos. En este eje de política, la meta y los indicadores no reflejan
una administración efectiva respecto a cumplimiento, pues de los trescientos
treinta y cinco (335) jardines sólo se ha construido uno (1), caso que se
repite al revisar las construcciones de colegios; respecto a la jornada única,
después de cuatro (4) años no se podido implementar (Ardila, 2014). De todos
modos, el problema no está en el incumplimiento de las metas propuestas, el
verdadero problema radica en saber si la construcción de colegios, jardines o
la implantación de la jornada única escolar son medidas que le permitan a
Bogotá salir del subdesarrollo y generar desarrollo sin
estancarse y caer en la trampa del maldesarrollo.
En materia de proyectos de vivienda el panorama
no es muy diferente al que se evidenció en educación, pues la meta de la
administración tampoco se ha cumplido. De las setenta mil (70.000) viviendas
prometidas solamente se han entregado 393 y hasta el momento sólo se registran
siete mil (7.000) en construcción (Ardila, 2014). Cabe señalar nuevamente que
la problemática real no está en el evidente incumplimiento de las metas, sino
que se sustenta en identificar si las decisiones en materia de vivienda van
enfocadas en generar un desarrollo real o caen en la trampa del maldesarrollo
como en el caso de la educación. ¿Las viviendas que se piensan construir tienen
como objetivo disminuir la segregación social o más bien aumentarla?
Analizar las decisiones de la
administración actual en materia de empleo, seguridad, educación e
infraestructura demuestra la incapacidad de la misma para superar el subdesarrollo generando desarrollo sin caer en la trampa del maldesarrollo. Se ha sustentado que la
incapacidad no responde a la falta de voluntad del gobierno distrital sino que
es la consecuencia de una serie de decisiones que se han tomado con el objetivo
de avanzar en una ruta inadecuada para la ciudad. Disminuir las tasas de
homicidios y desempleo, y aumentar los proyectos de vivienda y educación, no
significan avanzar hacia un desarrollo
real sino se intenta disminuir la inequidad y la segregación social. El desarrollo que necesita la ciudad no
radica en el cumplimiento de metas o en el aumento o la reducción de tasas que
miden cuantitativamente el desarrollo.
Bibliografía
Ardila
Arrieta, L. (2014). Así es el balance de la Bogotá Humana que deja Petro. Retrieved from La silla vacía
website:
http://lasillavacia.com/historia/asi-es-el-balance-de-la-bogota-humana-que-deja-petro-46925
González,
J. I. (2014). La Bogotá que deja Petro en cifras. Retrieved from Razón Pública website:
http://www.razonpublica.com/index.php/regiones-temas-31/7518-la-bogot%C3%A1-que-deja-petro-en-cifras.html
Semana,
R. (2014). ¿Por qué las cifras de Bogotá son buenas para Gustavo Petro? Revista
Semana. Retrieved from Revista Semana website:
http://www.semana.com/nacion/articulo/por-que-las-cifras-de-bogota-son-buenas-para-gustavo-petro/396667-3
Unceta,
K. (2014). Desarrollo, postcrecimiento y Buen Vivir: Debates e interrogantes
(A. Acosta & E. Martínez Eds.). Quito: Ediciones Abya-Yala.
[1] Para desarrollar
este ensayo la definición de los conceptos de desarrollo y subdesarrollo es la
esbozada en el libro Desarrollo, Postcrecimiento y Buen vivir, Debates e
interrogantes escrito por Koldo Unceta y compilado por Alberto Acosta y
Esperanza Martínez.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario