domingo, 22 de mayo de 2016

¿Profesor es a estudiante como escritura es a lectura?

“Tomaron más Milo que agua de panela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.”

En el siglo XXI los avances tecnológicos no dan espera y cada vez son más los inventos y las aplicaciones de los mismos que logran sorprender a la población que está inmersa en el mundo de la tecnología. En el ámbito del aprendizaje, estos avances han traído múltiples beneficios pero también han sido las causas de numerosas consecuencias negativas, una de ellas –para este blog la más peligrosa- es que están alterando, por no decir rompiendo, las relaciones básicas de profesor – estudiante y escritura – lectura, ambas necesarias en las formas de adquirir y afianzar conocimientos.

Con lo anterior no se quiere decir que por generar consecuencias negativas y alterar las relaciones básicas, casi naturales, de profesor – estudiante y escritura – lectura, los avances en materia de tecnología no se deban implementar en los procesos de aprendizaje del siglo XXI. Todo lo contrario, el objetivo es demostrar que las herramientas tecnológicas pueden ser de gran utilidad cuando fortalecen las mencionadas relaciones naturales que a su  vez promueven un aprendizaje efectivo.

Al respecto conviene decir que efectivamente hay relaciones naturales en el aprendizaje: en primer lugar, se encuentra la relación existente entre el profesor y el estudiante; y en segunda instancia se puede destacar la relación que existe entre la lectura y la escritura. Llegado a este punto es importante aclarar que no se profundizará en la segunda relación puesto que ese fue el objeto de la publicación anterior de esta bitácora.

En cuanto a la relación que une al profesor y al estudiante se puede decir que es natural –o al menos tradicionalmente se ha posicionado como tal- por las mismas formas de adquirir conocimientos, en este caso cabe resaltar que una de las formas para adquirir conocimientos es mediante la enseñanza de otra persona que obtuvo ese mismo conocimiento previamente. Para ilustrar mejor esta idea es preciso recordar el método de enseñanza usado por los sofistas en la Grecia clásica, el cual se basaba en la transmisión de conocimiento mediante la oralidad, el proceso era jerárquico dado que los conocimientos se transmitían de unos maestros –profesores, tutores, docentes- a unos aprendices –estudiantes, discípulos-.

Ahora bien, teniendo claro el porqué de la naturalidad de relaciones en los procesos de aprendizaje, es preciso analizar la importancia de la tecnología en los mismos procesos. Es evidente que los avances tecnológicos recientes han facilitado la implementación de métodos de aprendizaje, entre los cuales se encuentran el mayor acceso a los conocimientos de terceros, la facilidad para conocer y descubrir cosas nuevas, la portabilidad de la información e incluso, con un uso adecuado, incentivar la curiosidad de los estudiantes y dar las herramientas para satisfacerla.

No obstante, y he aquí el verdadero problema, los avances tecnológicos también han generado consecuencias negativas para el aprendizaje. Como se explicó en la publicación anterior la tecnología ha llevado a la creación de modelos híbridos entre lectura y escritura que están afectando los procesos para adquirir conocimientos de manera efectiva, puesto que las formas de leer y escribir se han transformado. Se mencionaba en la publicación anterior que los jóvenes del siglo XXI son los que más leen y escriben, pero las formas en las que leen y escriben son distintas; es decir, las lecturas que se realizan ya no son reflexivas y se presencia el fenómeno de que se escribe como se habla. Se tiene en consecuencia estrategias inefectivas de lectura y escritura que con hábitos y usos inadecuados no se logran corregir.

Los avances tecnológicos en la relación profesor – estudiante también han ocasionado efectos no deseables entre los cuales se pueden destacar los siguientes:

1) No siempre facilitan la comunicación entre profesor y estudiante pues casi toda la información se encuentra en formato digital y el estudiante, en algunos casos, no encuentra la necesidad de visitar a un docente para que acompañe sus procesos.

2) Hay herramientas que usan algunos profesores y algunas universidades que sin mayor intención que facilitar el aprendizaje de sus estudiantes los alejan, que todo sea virtual o digital generalmente no incentiva al estudiante a pedir un mayor acompañamiento a sus docentes.

3) La tecnología ha sido la causa de la apertura y el cierre de canales de comunicación entre profesor y estudiante, esto es evidente cuando se sabe que la mayoría de los estudiantes que acuden a un docente lo hacen cuando están en dificultades y no tienen más opción que solicitar apoyo.

4) Los docentes usualmente tienen la intención de usar la tecnología para que sus estudiantes por igual tengan el mismo acceso a la misma información, no obstante, no siempre es el canal más adecuado. Hay situaciones en las que se requiere una relación más personal entre estudiante y profesor.

Con lo que se acaba de afirmar no se quiere decir que el docente deba adaptarse a los malos usos y hábitos tecnológicos de los estudiantes, pero sí debería buscar formas de incentivar o de crear buenos usos y hábitos.

Como se ha mencionado con insistencia, la relación profesor – estudiante es fundamental en el aprendizaje, y a pesar que los usos inadecuados de la tecnología la estén alterando o rompiendo, no se puede dejar de valorar la utilidad y las ventajas que esa relación ha generado en el aprendizaje. Luchar contra la tecnología no sólo es imposible sino también indeseable, por ende eso no es lo que se busca ni lo que se propone. Sin embargo, sí se puede promover un buen uso de las herramientas que brinda la tecnología como se expuso en la anterior sesión del curso.

Para darle un buen uso a la tecnología y adquirir hábitos tecnológicos que faciliten un aprendizaje efectivo es de gran utilidad explorar y jugar con lo que puede ser estimulante para los estudiantes. Por estimulante hay que entender los hábitos que tengan los estudiantes en su vida cotidiana, por ejemplo si los estudiantes usan cotidianamente sus redes sociales, su correo electrónico o cualquier otra herramienta tecnológica, los docentes podrían buscar formas de enseñanza que involucren la integración de esas herramientas. Si el docente de la Universidad Javeriana hubiera explorado nuevas formas -para él pero ya conocidas por sus estudiantes- para incentivar la lectura y la escritura, quizá no hubiera renunciado.

Bien pareciera por todo lo anterior que leer es a escribir como el profesor es a los estudiantes, pues los cuatro son elementos necesarios en el aprendizaje y las dos relaciones están agrupadas por ser procesos paralelos y complementarios.

Finalmente, cabe señalar que las dos son relaciones naturales e irremplazables, que si bien están en riesgo con la tecnología no hay que luchar contra la tecnología sino adaptarla y tener en cuenta la motivación de los estudiantes para integrar la tecnología a hábitos adecuados de lectura y escritura que fortalezcan la relación entre profesor y estudiante con el fin de obtener una enseñanza que termine un aprendizaje correcto y esperado.

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