“Recordando las palabras de Leonardo da Vinci: lo que mueve el mundo no son las máquinas, sino las ideas y defenderlas frente al plagio es una batalla necesaria para la sociedad.” Carmen Calvo Poyato
En Colombia cada año se tiene la costumbre de
discutir sobre las fallas de comprensión de lectura y escritura que se
evidencian en las evaluaciones que realizan los estudiantes colombianos. El año
pasado la discusión giró en torno a los resultados derivados de las pruebas
PISA y desde unas semanas se debate sobre las conclusiones que dejaron las
pruebas SABER realizadas por el Estado colombiano.
Estos resultados, aparentemente extraordinarios
por el asombro que generan, comparten contexto con el aumento del plagio por
parte de los estudiantes de primaria, secundaria y de educación superior. Dirán
algunos que es una casualidad, otros afirmarán que la recurrencia en el plagio
es una de las tantas consecuencias de los resultados actuales y centrarán sus
esfuerzos en buscar los culpables de la situación entre docentes, estudiantes,
colegios, universidades, entre otros actores que hacen parte del proceso
educativo.
La intención del presente texto no está en
buscar culpables ni en apoyar a los que creen que esta realidad es una simple
casualidad, lo que se pretende es demostrar cómo la ausencia de una política
integral educativa ha contribuido en la consolidación de las fallas de
comprensión lectora y producción de textos que, juntas, son el reflejo de la
pereza mental que en las últimas décadas caracteriza a la población colombiana.
El profesor Pérez-Abril deja en evidencia que
los problemas de lectura y escritura no son recientes sino que son
protagonistas de la realidad académica del país hace más de 20 años.
Pérez-Abril plantea la división entre política educativa y política evaluativa
para subrayar el estancamiento de la primera y los avances de la segunda. De
este autor es importante destacar que el Estado colombiano es el responsable
del diseño y la ejecución de las dos políticas.
Al revisar los resultados de las últimas
pruebas SABER desarrolladas por el ICFES debería asombrar que el promedio de
comprensión de lectura se encuentre entre los 300 y los 313 puntos en una
escala que va de 100 a 500 puntos. Estos resultados no sólo demuestran el tradicional
estancamiento de Colombia en esos indicadores, sino que también evidencian un
retraso significativo si de verdad el gobierno pretende ubicar al país como el
más educado de Latinoamérica para el 2025.
No avanzar con efectividad en el mejoramiento de
las habilidades lectoras y escritoras ha facilitado la consolidación de una
pereza mental que se ha expandido a un gran porcentaje de la población
colombiano, que no sólo se refleja en los numerosos casos de plagio que se
presentan sino en la indiferencia de la población no estudiante respecto a las
cifras rojas que el país posee en materia de educación. Al parecer los
colombianos nos acostumbramos a ser reconocidos por ser parte de uno de los
países con más problemas de lectura y escritura en el mundo.
A diferencia de las habilidades de lectura y
escritura en el país, no existen estudios estadísticos que muestren los casos de plagio registrados en las
instituciones educativas colombianas, solamente se cuenta con reportes como el
de la Fiscalía en el 2012 en el cual se notificaban 607 investigaciones por
violación de derechos de autor. A pesar de la carencia de información al
respecto, la gravedad es inmensa porque el plagio es un delito consagrado en el
Código Penal (Art. 270 y 271). El contexto de la Universidad del Rosario no
difiere del nacional pues la inexistencia de estadísticas, no excluye al plagio
dentro de las faltas gravísimas que puede cometer un estudiante.
La existencia del plagio como se ha
desarrollado se deriva de una pereza mental que también se evidencia en los
resultados negativos de las evaluaciones que miden las habilidades de lectura y
escritura en Colombia; se ha mencionado que lo anterior es consecuencia de la
carencia de una política educativa integral de la cual es responsable el
Estado. Llegados a este punto es preciso subrayar la responsabilidad del Estado
en la baja calidad de la educación, y la tradicional intención de evadir esa
responsabilidad buscando los culpables de los bajos niveles de los estudiantes
colombianos. Es el Estado quien tiene el deber de hacer una política de
educación y quien también debe evaluar los resultados de su política. Comparto
la opinión de Pérez-Abril cuando dice que el Estado lo que está haciendo es
evaluar mediante terceros su propia política y culpar a otros terceros como los
evaluadores y los evaluados por los malos resultados de la política; es
necesario enfatizar en que si los resultados son malos es porque la política no
es la adecuada.
Como se puede ver, el plagio es a la vez causa
y consecuencia, causa de la violación de los derechos de autor y de delito, y
consecuencia de la inexistencia de una política educativa integral, duradera,
que promueva la creación de ideas y que prevenga la consolidación de la pereza
mental.
Nota 1: Dos
hechos que demuestran el aumento del plagio y la trascendencia que éste ha
logrado más allá de las esferas académicas se pueden ver en los debates
planteados en la opinión pública por parte del representante a la Cámara
Rodrigo Lara y por la campaña a la alcaldía de Bogotá del ex vicepresidente
Francisco Santos. En el caso de Lara se acusa de plagio al director de
Planeación Nacional Simón Gaviria por incluir en el articulado del Plan
Nacional de Desarrollo una propuesta de descentralización administrativa del
representante que va a ser presentada como proyecto de ley. En la situación
protagonizada por la campaña de Francisco Santos, se puede ver como una
periodista venezolana acusó al candidato de plagiar la aplicación “Yo alerto”
creada por ella.
Nota 2: En
la entrada anterior de este blog se destacó la importancia de buscar pedagogías
para incentivar el aprendizaje de los estudiantes. Considero de gran valor
compartir esta experiencia pedagógica que trajo resultados exitosos en los
estudiantes y niños en los que se implementó.
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