“Pagamos para recibir los periódicos, no para que se los lleven.” Charles Bennet
En la
Grecia antigua los sofistas eran los encargados de transmitir el conocimiento
de generación en generación, no se transcribía, la escritura era primitiva y un
privilegio de pocos, razón por la cual no se utilizaba para guardar información
y dar a conocer los saberes a quienes los ignoraban. Al haber poca información
y al disponer de la memoria como el medio más popular para archivarla, se
contaba con mayor atención a la hora de aprender. Olvidar lo conocido, en ese
mundo antiguo, era un lujo que nadie se podía dar.
Es claro
que ese mundo ya quedo atrás, estamos en pleno siglo XXI y los avances en
tecnología y comunicación no dejan de asombrar. Ya no hay sofistas, la oralidad
ya no es el medio que goza del protagonismo para transmitir el conocimiento. La
escritura la desplazó durante siglos, con la creación de la imprenta parecía
que le daba la estocada final pero con la aparición de nuevas tecnologías en el
siglo XXI, la oralidad recuperó una posición privilegiada en las formas de
adquirir conocimiento.
Estos
avances se implementaron con una rapidez inesperada que también se manifestó en
varios hechos consecuencias de la implementación. Hay quienes hablan de
beneficios en la medida en que la información ya no le pertenece a unos pocos,
sino que ahora está al alcance de muchos, existe mayor accesibilidad y
visibilidad en la información. De acuerdo. Pero también comparto la posición de
los que han advertido riesgos, pero no de
aquellos que ven en la tecnología una amenaza a las formas tradicionales de
comunicar información, sino la posición de los que saben que los humanos jamás
nos preparamos para recibir tanta información de formas tan sencillas.
El problema
radica en que la tecnología nos ha llevado a un mundo con exceso de información
y nunca nos preparamos para eso. Desde la Grecia antigua nos educamos para
conocer y aprender, la información era valiosa porque era escasa y el que la
lograra tener llegaba a tener ventaja sobre los que no, en ese mundo antiguo
entre más información se tuviera más poder se ganaba. Ahora, empero, la
información es valiosa y útil sólo si se logra encontrar lo que se busca, el
que encuentra lo que busca en un océano de información es el que adquiere
poder.
Lo
anterior demuestra que en un mundo con exceso de información es necesaria la
implementación de estrategias para que la tecnología no cierre los canales que
abrió, puesto que no se logra nada con toda la información disponible sino se
puede encontrar lo que se busca. James Gleick en su libro La información,
historia y realidad menciona la existencia de estrategias para afrontar
esta transición y salir victorioso, Gleick expone dos acciones: buscar y
filtrar información para poder enfrentarse al inmenso océano de la
información.
Según
Gleick buscar y filtrar va a permitir que se adquiera la
información que se desea encontrar, pues si se está interesado en conocer sobre
poetas latinoamericanos no se irá a buscar sobre ellos en la sección de economistas
clásicos. Filtrar búsquedas no es algo innovador, pues es una herramienta que
se usa desde que se crearon las bibliotecas. No obstante el autor sí logra
poner en evidencia que la información por sí sola puede ser inútil, en realidad
ella logra su importancia cuando es encontrada por alguien. Un libro no puede
ser un buen libro si nadie lo ha encontrado y lo ha leído.
El mismo
Gleick hace referencia a la dicotomía entre las acciones de aprender y olvidar
como elementos fundamentales en la teoría de la información. ¿De qué sirve buscar
y filtrar información si no se tiene la capacidad de saber qué se tiene
que volver conocimiento y qué se debe olvidar? Buscar y filtrar
son acciones necesarias, pero para lograr que sean efectivas deben ir
complementadas con aprender y olvidar. Es posible que en la Grecia antigua
olvidar haya sido considerado como una debilidad o incapacidad, pero el siglo
XXI y la teoría de la información han demostrado que olvidar, al igual que
aprender, es una capacidad.
En un mundo
con exceso de información puede ser más útil -y hasta más inteligente- tener la
capacidad de olvidar más desarrollada que la de aprender o recordar. Con tanta
en información no tiene utilidad conocerla toda, también es necesario comenzar
a olvidar aquello que no tiene valor para concentrarse en lo que realmente se
necesita aprender. Así pues, considero que buscar y filtrar
información no tiene sentido sino se posee la capacidad de olvidar aquello que
no representa utilidad o beneficio.
Para la
clase de Taller de Lectura desarrollamos mapas conceptuales sobre lecturas
referentes al tema de esta entrada. En la realización de los mapas pude notar
la importancia de buscar, filtrar, aprender y olvidar
información, pues está en la naturaleza de estos mapas conceptuales relacionar
la información más relevante sobre los textos estudiados; de no ser así,
estaríamos hablando de otras herramientas como una reseña o un resumen. Al leer
cada texto nos enfrentamos a una información desconocida, razón por la cual una
vez identificamos el hilo conductor, comenzamos a buscar y a filtrar la
información que se relaciona con él, una vez la encontramos, la plasmamos en el
mapa conceptual y toda la demás información que leímos pero que consideramos
secundaria simplemente la olvidamos.
Quizá
clases como esta estén diseñadas para ayudarnos a recordar que olvidamos
olvidar algunas cosas que no permiten que aprendamos lo verdaderamente
importante.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario