domingo, 22 de mayo de 2016

Olvidamos olvidar

“Pagamos para recibir los periódicos, no para que se los lleven.” Charles Bennet
En la Grecia antigua los sofistas eran los encargados de transmitir el conocimiento de generación en generación, no se transcribía, la escritura era primitiva y un privilegio de pocos, razón por la cual no se utilizaba para guardar información y dar a conocer los saberes a quienes los ignoraban. Al haber poca información y al disponer de la memoria como el medio más popular para archivarla, se contaba con mayor atención a la hora de aprender. Olvidar lo conocido, en ese mundo antiguo, era un lujo que nadie se podía dar.

Es claro que ese mundo ya quedo atrás, estamos en pleno siglo XXI y los avances en tecnología y comunicación no dejan de asombrar. Ya no hay sofistas, la oralidad ya no es el medio que goza del protagonismo para transmitir el conocimiento. La escritura la desplazó durante siglos, con la creación de la imprenta parecía que le daba la estocada final pero con la aparición de nuevas tecnologías en el siglo XXI, la oralidad recuperó una posición privilegiada en las formas de adquirir conocimiento.

Estos avances se implementaron con una rapidez inesperada que también se manifestó en varios hechos consecuencias de la implementación. Hay quienes hablan de beneficios en la medida en que la información ya no le pertenece a unos pocos, sino que ahora está al alcance de muchos, existe mayor accesibilidad y visibilidad en la información. De acuerdo. Pero también comparto la posición de los que  han advertido riesgos, pero no de aquellos que ven en la tecnología una amenaza a las formas tradicionales de comunicar información, sino la posición de los que saben que los humanos jamás nos preparamos para recibir tanta información de formas tan sencillas.

El problema radica en que la tecnología nos ha llevado a un mundo con exceso de información y nunca nos preparamos para eso. Desde la Grecia antigua nos educamos para conocer y aprender, la información era valiosa porque era escasa y el que la lograra tener llegaba a tener ventaja sobre los que no, en ese mundo antiguo entre más información se tuviera más poder se ganaba. Ahora, empero, la información es valiosa y útil sólo si se logra encontrar lo que se busca, el que encuentra lo que busca en un océano de información es el que adquiere poder.

Lo anterior demuestra que en un mundo con exceso de información es necesaria la implementación de estrategias para que la tecnología no cierre los canales que abrió, puesto que no se logra nada con toda la información disponible sino se puede encontrar lo que se busca. James Gleick en su libro La información, historia y realidad menciona la existencia de estrategias para afrontar esta transición y salir victorioso, Gleick expone dos acciones: buscar y filtrar información para poder enfrentarse al inmenso océano de la información.

Según Gleick buscar y filtrar va a permitir que se adquiera la información que se desea encontrar, pues si se está interesado en conocer sobre poetas latinoamericanos no se irá a buscar sobre ellos en la sección de economistas clásicos. Filtrar búsquedas no es algo innovador, pues es una herramienta que se usa desde que se crearon las bibliotecas. No obstante el autor sí logra poner en evidencia que la información por sí sola puede ser inútil, en realidad ella logra su importancia cuando es encontrada por alguien. Un libro no puede ser un buen libro si nadie lo ha encontrado y lo ha leído.

El mismo Gleick hace referencia a la dicotomía entre las acciones de aprender y olvidar como elementos fundamentales en la teoría de la información. ¿De qué sirve buscar y filtrar información si no se tiene la capacidad de saber qué se tiene que volver conocimiento y qué se debe olvidar? Buscar y filtrar son acciones necesarias, pero para lograr que sean efectivas deben ir complementadas con aprender y olvidar. Es posible que en la Grecia antigua olvidar haya sido considerado como una debilidad o incapacidad, pero el siglo XXI y la teoría de la información han demostrado que olvidar, al igual que aprender, es una capacidad.

En un mundo con exceso de información puede ser más útil -y hasta más inteligente- tener la capacidad de olvidar más desarrollada que la de aprender o recordar. Con tanta en información no tiene utilidad conocerla toda, también es necesario comenzar a olvidar aquello que no tiene valor para concentrarse en lo que realmente se necesita aprender. Así pues, considero que buscar y filtrar información no tiene sentido sino se posee la capacidad de olvidar aquello que no representa utilidad o beneficio.

Para la clase de Taller de Lectura desarrollamos mapas conceptuales sobre lecturas referentes al tema de esta entrada. En la realización de los mapas pude notar la importancia de buscar, filtrar, aprender y olvidar información, pues está en la naturaleza de estos mapas conceptuales relacionar la información más relevante sobre los textos estudiados; de no ser así, estaríamos hablando de otras herramientas como una reseña o un resumen. Al leer cada texto nos enfrentamos a una información desconocida, razón por la cual una vez identificamos el hilo conductor, comenzamos a buscar y a filtrar la información que se relaciona con él, una vez la encontramos, la plasmamos en el mapa conceptual y toda la demás información que leímos pero que consideramos secundaria simplemente la olvidamos.

Quizá clases como esta estén diseñadas para ayudarnos a recordar que olvidamos olvidar algunas cosas que no permiten que aprendamos lo verdaderamente importante.

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